La industria del cine español se encuentra de luto tras la muerte de Verónica Echegui, una de las actrices más versátiles y queridas de las últimas dos décadas. La intérprete falleció este domingo en Madrid, a los 42 años, víctima de un cáncer que llevó con gran discreción. Su entorno confirmó la noticia, dejando en shock a colegas y seguidores que aún no asimilan la pérdida.
Nacida en Madrid en 1983, Echegui demostró desde niña su pasión por la actuación. A los nueve años ya soñaba con los escenarios y, tras concluir la selectividad, ingresó a la Real Escuela Superior de Arte Dramático. Su disciplina y carácter la llevaron a convertirse en un talento ineludible de la pantalla.
La fama le llegó en 2006 con Yo soy la Juani, dirigida por Bigas Luna. Allí mostró una fuerza interpretativa que marcó un antes y un después en su carrera. Esa actuación le valió una nominación al Goya a mejor actriz revelación. Desde entonces, su carrera se consolidó en un camino lleno de proyectos arriesgados, auténticos y memorables.

Una carrera marcada por la versatilidad
Con Yo soy la Juani, Echegui se convirtió en el rostro de una generación. El propio Bigas Luna contó que la eligió entre tres mil aspirantes porque vio en ella “hambre” y una mirada con fuego. Ese mismo fuego la acompañó en los años siguientes.
En 2008 participó en El patio de mi cárcel, donde interpretó a una joven presa. Poco después, en 2011, fue dirigida por Icíar Bollaín en Katmandú, un espejo en el cielo. Con este papel dio vida a una maestra catalana en Nepal, en uno de sus trabajos más reconocidos. Ambas actuaciones le valieron nominaciones al Goya como mejor actriz principal.
Además, supo reinventarse en distintos géneros. Desde el drama social de La mitad de Óscar hasta la comedia en Explota, explota, pasando por thrillers como Orígenes secretos o producciones internacionales junto a estrellas de Hollywood en The Cold Light of Day. Su capacidad para transitar entre géneros y lenguas la llevó a trabajar por toda Europa y Estados Unidos.
Su vis cómica también destacó en títulos como La gran familia española y No le culpes al karma…. Y más recientemente, en 2024, sorprendió con Justicia artificial, donde interpretó a una jueza enfrentada a una conspiración de inteligencia artificial.
Reconocida también como directora y guionista
Echegui no se conformó con ser solo actriz. En 2022 recibió el Goya al mejor cortometraje de ficción con Tótem loba. Ella misma lo dirigió, escribió y coprodujo.
La historia, inspirada en una experiencia personal, retrata a una adolescente enfrentada a la violencia machista en un contexto festivo. El corto fue aclamado por su crudeza y su capacidad de denuncia. Para la actriz, contar estas historias era un deber personal.
“Si hay algo que no te parece normal, tienes que escucharte a ti misma, aunque la mayoría diga lo contrario”, explicó en una entrevista. Este mensaje se convirtió en parte de su legado, más allá de las pantallas.
Con Tótem loba, Echegui visibilizó una problemática que ella misma padeció en su juventud. Y lo hizo sin miedo, aportando un testimonio honesto en una industria que durante años había normalizado abusos y silencios.
Verónica Echegui: Un adiós que deja huella
La noticia de su muerte cayó como un balde de agua fría en el cine español. Pocos sabían de su enfermedad, pues lo manejó con discreción y entereza. En los últimos días había estado hospitalizada en Madrid, acompañada de su entorno cercano.
Su partida no solo entristece a quienes compartieron proyectos con ella, sino también a un público que la siguió desde sus primeras apariciones en televisión. Series como Intimidad, Los pacientes del doctor García y Días de Navidad mostraron que, incluso en la pantalla chica, tenía una capacidad única para conectar con la audiencia.
Echegui era, además, heredera de una familia con historia. Descendiente del Nobel José Echegaray y del dramaturgo Miguel Echegaray, decidió simplificar su nombre artístico para crear una identidad propia. Y lo consiguió: hoy, decir Verónica Echegui es hablar de una figura que dejó una marca imborrable.
Su legado es amplio. Quedan sus películas, sus interpretaciones llenas de verdad y su lucha por visibilizar temas que incomodaban a la industria. Pero sobre todo queda el recuerdo de una mujer que nunca dejó de ser fiel a sí misma.
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